Carta de Navidad por el Excelentísimo Mons. Stephen J. Berg

¡Saludos en Cristo a toda la gente de la Diócesis de Pueblo!

Al comenzar esta hermosa temporada del invierno y al preparar a celebrar juntos nuestra primera Santa Navidad, me acuerdo de mis años como estudiante universitario cuando regresaba a mi hogar en Montana durante la Navidad. He estudiado en Spokane, Boulder, y Portales, NM. En aquellos días, aunque estuviera preparando un vuelo en estado de espera o viajando por camión, tren o tráiler de dieciocho ruedas, regresar a mi hogar siempre fue una aventura.

Un año, debido a una tormenta de nieve, el piloto de un vuelo de conexión por Casper, Wyoming tuvo que hacer un aterrizaje forzoso en un maizal cerca al aeropuerto de Casper. Mientras el avión se resbalaba para parar, pasaba zumbando por lo más alto de los tallos de maíz. Los vehículos de emergencia, las luces y las sirenas sonando, salieron a nuestro rescate. Al llegar a Billings ese año, yo estaba bien preparado para una gran bienvenida de mi padre y de mis hermanos mayores y después manejar 140 millas en la carretera de Montana, cubierta en nieve y poblada de venado y llegar a Miles City para la bienvenida amorosa de mi madre y de todos los demás haciendo fila en la puerta de nuestra casa. ¡Qué maravillosos y cariñosos fueron esos regresos a mi hogar!

En este, mi primer año como su Obispo, compartimos no solo nuestra jornada, sino también nuestro primer regreso al hogar juntos. Las mismas carreteras de Colorado que manejamos nos llevan por la exorbitante, exuberante y explosiva historia de la creación de Dios—cerros, valles, desiertos, montañas, cielos, pueblos, ciudades, clima y vida silvestre. El camino mismo nos enseña a prestar atención. No puede uno preocuparse mucho por lo que está en el espejo retrovisor, ni en la vista delante, porque los caminos dan vuelta y son serpenteantes, el paisaje y el clima cambia, y uno debe de manejar el carro “en el presente.” Esto me ha sonado verdadero en tantas áreas de mi primer año de ministerio como Obispo mientras aprendo a navegar el mapa de geografía, cultura e historia...escuchando, explorando, trabajando. Con su ayuda, por sus oraciones, estoy llegando a una comprensión nueva de mi vocación como su Pastor en este, nuestro primer regreso al hogar.

Este regreso al hogar no es sólo el nuestro. Es el regreso al hogar de Jesús, nacido en un pesebre a María y a José, a los pastores y a los ángeles, a nosotros: Su regreso al hogar, humilde pero glorioso en Belén, hace 2000 años. Es el regreso al hogar de Cristo quien se aparece inesperadamente en este momento, hoy, en el tiempo presente. Es la abertura de nuestro eterno regreso al hogar de alegría, predicho por los profetas y marcado por la Estrella Sagrada. Es el regreso al hogar de Emanuel a los que son pobres, a los inoportunos, y a los que Cristo nos ha dado a nosotros para reconocerlo a Él, darle la bienvenida y criarlo en las vidas de todos nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los excluidos que se encuentran afuera en el frio de este mundo.

Compartiendo este sagrado regreso al hogar con ustedes, le doy gracias a nuestro Señor por haberme dirigido a ustedes, por su cariñosa bienvenida, y por su lealtad. Doy gracias por ustedes y por sus familias, y por el camino adelante. Levanto mis oraciones y les mando las bendiciones de nuestro Cristo recién nacido, ¡que ustedes y sus seres queridos sientan la alegría del verdadero regreso al hogar de Jesús durante esta temporada de Navidad!

Que Él esté con ustedes durante esta Sagrada Temporada, ahora y siempre.

 

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